sábado, 6 de junio de 2015

David 

Minirrelato francamente cruel

David está decidido: ya le han dicho que no tolera un corazón más. Antes de abandonar este mundo y enfrentarse a la Nada (sobre todo porque cree que la Nada le hará varios reclamos, tal vez sea una Nada muy memoriosa, que conserve puntualmente sus pequeñas desviaciones).
Sea, que le pongan a David un cuerpo nuevo. El Dr. Mengelsonn está decidido a enfrentar el desafío: un cuerpo nuevo para David. Personas con muerte cerebral, y con un joven cuerpo intacto… luego la cirugía estética hará lo demás. No hace falta hacer una campaña de fondos… David es solvente. Caramba, si justo él no lo fuera…
-No quiero sentirme como un vampiro, Dr. Mengelsonn…
-Pensé que lo había sido toda su vida…
-Qué dijo, Dr.? Mire que estoy con el chip auditivo recargado…
-Le dije que toda su vida usted había sido un gran tipo. Un gran tipo.
-Ah, sí, me lo han dicho. Tengo una vitrina llena de plaquetas, copas, homenajes… y un armario también lleno.
-Estoy seguro de que le va a ir a usted muy bien con su nuevo cuerpo, David.
-Así lo espero, Dr. Asi lo espero.
Jane Rockwood, modelo, 19 años de edad, en condición de muerte cerebral a causa de un accidente motociclístico en la Ruta 66. Se ha comprobado absoluta compatibilidad y coherencia en los puntos de unión del pegamento. Raza: WASP. Esperanza de vida: 63.5 años.

viernes, 2 de julio de 2010

DÍAS DE GLORIA CELESTE...











Hoy la poesía se fue a mirar el partido...


 Por eso, en esta hermosa jornada surge el grito:

¡¡¡URUGUAY NOMÁAAAAAASSSSS!!! 

Hay algo que sigue vivo
nos renueva la ilusión
y en el último suspiro
¡Ay, Celeste, regalame un sol!
(No te va a gustar- Cielo de un solo color)

lunes, 7 de junio de 2010

La Rueda

La Rueda

Miré, y he aquí que había cuatro ruedas junto a los querubines; al lado de cada querubín había una rueda. El aspecto de las ruedas era como de piedra de crisólito.
En cuanto a su aspecto, las cuatro eran de una misma forma, como si una rueda estuviera dentro de otra rueda.
Libro del Profeta Ezequiel

He aquí mi biografía: he intentado inventar algún freno
para la Rueda, también llamada espiral gris que siempre espera.
He invitado a evitarla, en lo posible. He sugerido arrojarse en su seno
con sabia indiferencia cuando ya no quede otro remedio, y reclamar
en el último, silencioso grito, un nombre más perdurable.




Es una noche de lluvia
pero eso a ella qué le puede importar

Yo sé que anda girando
por la calle Laureles,
por Molina y tal vez alguien
asomado a la ventana
alucine su visión febril
de mamotreto sin ningún aspecto
de coche japonés, o americano

Le dieron mal mi dirección,
o la leyó mal a la luz de un relámpago.
Se guió por referencias imprecisas,
preguntando, hasta que empezó a llover
y siguió virando a la deriva
(se echó a rodar por el mundo...)

No ha de extrañar su bíblica apariencia
de rueda toda ojos, autónoma y parlante

Me anduvo, me anda buscando
sabe que la vi de reojo
ella soñaba almibarado
paraíso de ruedas de Quebar
que todo lo destrozan a su paso
(un cielito tal vez montevideano)

La mitad tan solo
de sus ojos despertaron
me vio, tres fueron sus destellos
no sé cómo, con qué argucia
le tiré un hubiese a mano,
un hubiese sido de los buenos,
de los gordos, de los míos,


Por eso se entretuvo, tanto rato,
mordisqueando aquella carne hubiera/ese,
digo hiérase, sangrante de futuros imposibles
que me perdió la pista y desde entonces
en su gira girar me anda buscando

miércoles, 2 de junio de 2010

DE IMPROBABLES OFICIOS- PLAÑIDERO

DE IMPROBABLES OFICIOS I
PLAÑIDERO

Noche de verano. Gutiérrez se mira al espejo, centrando el nudo de la corbata… Traje negro… corbata negra…

Rodeado de mármoles veteados y brillantemente pulidos, Estévez hace como que consulta algo en un monitor plano. Gutiérrez se acerca, pregunta en voz alta por Antoni Euskalerría. Hay otras personas, recién llegados tramitando los papeles, jóvenes que aguantan la noche saliendo a matear a la calle, disimulando lo mejor posible las sonrisas de su edad y sus esperanzas, que podrían ser impropias en tales circunstancias. Tal vez amigos del nieto de don Antoni. Se acerca a ellos, les pregunta si son familiares… es él, dicen, señalando a un flaquito de pelo largo, enrulado.


Gutiérrez lo abraza.


- Tu abuelito me salvó la vida. Fue hace años, en el setenta y dos, en la playa del Buceo, no sé si te habrá contado alguna vez. Yo tenía quince años y fui a nadar, para presumir con unas amiguitas, ustedes se darán cuenta, las cosas no pueden haber cambiado tanto – agregó, con un mohín de sonrisa amarga- de repente cambia la marea, un golpe de viento, me lleva hacia adentro. Me estaba hundiendo. Pasaron varios minutos, ya me creía perdido, cuando apareció don Antoni, nadando, con una seguridad, un aplomo… quedé en deuda eterna con él. Nos hablábamos alguna vez por teléfono, le llevaba una botella para Navidad o fin de año, hicimos unos asados, pero el tiempo siguió pasando y no supe más de él.

Gutiérrez se quiebra y el nieto también. El jovencito hace gestos como de no saber, o no acordarse. Sus amigos los miran, emocionados también.

- Cuando vi el aviso en el diario, no podía parar de llorar. Tengo que ir a hablarles de este santo- dijo, poniendo una mano en el corazón y elevando sus ojos al techo.

-Vayan, chiquilines, la vida continúa, sigan adelante- les dice, y entra a la sala.

Saluda a los dolientes y les ofrece una versión más sintética del mismo relato… la viuda dice “no me extraña de mi Antoni, era un santo varón, siempre hacía esas cosas”.

-Un héroe anónimo, doña Elsa, como tantos que han hecho patria en silencio, humildemente- dice Gutiérrez…

Hace noche en el velatorio. Se ofrece para preparar un excelente café negro, y participa de casi todas las conversaciones.

A las diez de la mañana vienen a llevarse al héroe anónimo. Gutiérrez se ofrece para acompañar al cortejo en su coche negro.

Luego vuelve a la funeraria. Estaciona en su lugar, marcado con el número 7, el de la suerte.

Entra a la oficina. Se acerca a Estévez. Este deja sus tareas por un instante…

-¿Y, flaco?

-Che negrito… ¿se sabe algo del cobro? Le pregunté a Laura y me dijo no sé qué del depósito en el Banco…

-Este fin de semana vamos muertos, flaco. El cobro sale para el lunes.

DE IMPROBABLES OFICIOS- CULPABLE GENERAL

De Improbables Oficios

II

CULPABLE GENERAL

Inexorable, el espejo devolvía al Contador Gutiérrez un rostro de momia mal conservada: una con nervios e insomnio, gastritis (tengo que dejar el café, al cigarrillo el presidente ya me lo hizo dejar), alta presión... (¿vendrá la sal de mesa con una imagen que ocupe el 80% de la bolsa que diga… las cosas saladas son terriblemente malas para la hipertensión?)

Accionó el intercomunicador del teléfono, pensando por qué razón en esa Empresa cada quince días cambiaban los aparatejos de comunicación, obligándolo a aprenderse los botones nuevos o, directamente, a enviarle un mensaje de texto a su secretaria.

_¡Señorita Cristina!- se oyó tronar.

Del otro lado una voz tímida y algo asustada respondió desmayadamente.

-¿Sí, Contador?

-Hágame el favor de llamar inmediatamente a Sánchez. No tendría por qué decirle esto, señorita, pero como usted es de mi total confianza... Los chinos encontraron botones de fantasía rosados, aptos para niñas de 4 años, en los blazers de caballero. Muy bien pegados, señorita. Los botones tenían gatitos, perritos, y colibríes. Preciosos. Obviamente, otro error de Sánchez.

A los dos minutos se presentó Sánchez, con la corbata más bien suelta, y un aspecto desolado.

-Sánchez, Sánchez, siéntese. No quiero perder la calma.

Le explicó concienzudamente lo que había pasado.

-Se trata de un error, Contador. Obviamente entendieron mal el contenido de mi memo número 45, del día primero del corriente, pero no busque más, asumo toda la responsabilidad. Fue culpa mía.

-Esa sinceridad suya logra desarmarme, Sánchez. Tendría que despedirlo ipso facto; sin embargo no voy a hacerlo. Lograremos reparar este daño. Eso sí, por favor, que no se reitere. Otro día no voy a estar de este talante tan caritativo.

-Así será, señor.

La secretaria miró a Sánchez con aire interrogativo. Este cambió su semblante al salir, se puso radiante, saltó juntando los talones. Exultante.

-Pero... - la chica se silenció bruscamente. Seguramente una reacción nerviosa del Sr. Sánchez, que habría sido despedido.

-Jajajaj- reía Sánchez.

_¿Pero qué le pasó?

-Es que tú sos nueva aquí, Catalina. Yo soy el Culpable General, y cada vez que asumo la responsabilidad de algo, aumentan mis galones - dijo, golpeando rítmicamente su hombro izquierdo con los dedos índice y mayor. No tengo la menor idea de quién puso los botones esos. Es más, estoy absolutamente seguro de que yo no pude haber sido, ya que mi función es solamente tener la culpa de todo lo que pasa aquí, y no me da el tiempo para otra cosa.

martes, 25 de mayo de 2010

SONETO AL POETA

SONETO AL POETA
A todos los Poetas

Es esa luz excelsa, la que exalta al poeta
La que besó su frente tal vez desde la cuna
Sentirse así en el cosmos es sin igual fortuna
Llegar a aquel soneto perfecto es buena meta

 Parécenos distante a veces, regio esteta
Alejado del mundo, caminando en la luna
Sin embargo, presente, de una forma oportuna
Eleva hacia los cielos  recia voz de profeta

Del lirio y de la bomba, del gozo o de la muerte
Amasa, el inspirado, sus versos fraternales
Ansioso siempre escribe, derrotando lo inerte

Frente a la ruda afrenta que le impone la suerte
Sus armas son palabras, de vida manantiales
¡Muriendo, finalmente, su voz se hace más fuerte!

L. Landín, mayo 2010

Caras Amarillas

CARAS AMARILLAS
Leonardo Landín

Hace demasiado tiempo que lo vi. Era yo un niño pequeño, era una inofensiva mañana de barrio en la escueta realidad del cuartito, en una cama junto a la ventana, con la luz solar filtrándose por las cortinas.

Esas cosas les pasan a los niños. Cuando son chicos, ven caras amarillas que los demás ya no pueden ver, cuando se inquietan y  preguntan, los tranquilizan:  eso no existe, tu cabeza estaba dormida aunque creías estar despierto.

Nunca le pregunté quién era. Nunca hablé, solamente, asustado, me di vuelta en la cama.

Hoy sé que todavía sigue allí, mirándome desde mi costado izquierdo, sin preocuparse por el tiempo y el espacio.

Solo que ya ni siquiera lo presiento.

Quién sabe si mañana... me toca ser una cara amarilla, un remolino de polvo, un sueño que hace añorar tiempos idos.