viernes, 23 de abril de 2010

CLAROSCUROS DEL ALMA, Soneto, por Leonardo Landín


CLAROSCUROS  DEL ALMA
por Leonardo Landín
 
¿Es la cima o la sima de la historia?
Este hoy ya  me deja tan perplejo…
¿cuál es el burro y cuál la zanahoria?
No entiendo ni al que veo en el espejo…

De otros aires me trae la memoria
Ese tiempo del cual tanto me alejo
A veces me parece que es escoria
¿O es lo mismo hoy que ayer,  y yo más viejo?

De pronto la sonrisa de una nena
Al descubrir el mundo, sorprendida
Me grita que la vida aún es buena

En alegría se mudó la pena
¡es nuevo el cosmos! ¡Lo malo se olvida!
¡El alma de esperanzas está llena!

martes, 20 de abril de 2010

BRAHMA BRAUSEN

Brahma Brausen
por Leonardo Landín


Un equipo de científicos investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets, al mando de los doctores Von Wiess y Miranda Yukawita, viene de realizar un importante descubrimiento.

Antiguas concepciones orientales decían:
"Oh, todo  el Universo es  como el sueño de Brahma. El tipo sueña, y existe el Universo. El tipo se despierta, y chau pinela".

Sofisticadas especulaciones teóricas en el campo de la física de las altas energías permitieron deducir que el Universo es en realidad, por lo menos desde mil novecientos ochenta, el sueño de Zulema Brausen, la que iba al Bauzá con nosotros en el vespertino. Pobre Zulema, ella confundía a Brahma con Krishna, aquel gordito mimoso que siempre estaba rodeado de princesitas hindúes, un fenómeno el chiquilín. Ni Forlán.

A Von Wiess y Yukawita le van a dar el Nobel.

Zulema tuvo que cambiar el teléfono, harta de escuchar insultos y alguna bendición exaltada, de vez en cuando, un poco salida de lo habitual, 
govinda ja ja , om mani padme hung, por qué no te vas un rato a la, etc.

-Qué culpa tiene uno de lo que sueña- nos decía, molesta, tratando de borrar con un solvente el siguiente graffiti de su muro soñado, negro intenso sobre blanco radiante:

“Despertate Zulema que estás con pesadillas”

La Plaza de la Compasión

EN PROYECTO

Desde hace tiempo estoy pensando escribir una novela, una cybernovela, acorde a los tiempos que vivimos. Su título será: LA PLAZA DE LA COMPASIÓN;  se trata de una serie de diálogos mantenidos en una plaza, sí, en esa que imaginas, lector, la que está frente a la Iglesia... allí, donde todavía queda gente que tiene algún tiempo para sentarse en un banco ;  así que si al pasar me ves, absorto con mi cuaderno, escribiendo o entablando algún diálogo con personajes visibles o invisibles, ya sabes, te lo he avisado, no es preciso llamar a la Asistencia Pública.

Es una novela atípica, con ciertas licencias no digo poéticas, más bien novelísticas... a diferencia de esas biografías edulcoradas donde hasta las peores bajezas parecen maravillosas, je, je... aquí vas a encontrar pedazos vivientes de biografías anónimas, como animalitos asustados,  con sus filos recortados, eso sí, para no dañar a nadie... bajezas humanas interesantísimas, recetas para escribir magníficas frases de autoayuda e insertarlas en preciosos powerpoints, enviándoselos a todos tus amigos y amigas... filosofías, ciencias y teologías varias, profanas, muy profanas... en realidad estoy inventando un poco, cuando uno empieza a escribir, no sabe por qué derroteros ha de llevarlo la pluma, o el cursor del aparato este que ya ni memoria tiene. 

Prometo escribir largos párrafos de este opus, que no todos, en la situación más adecuada, o sea sentado en un banco de plaza, en un cuaderno viejo, y cuando me canse de escribir hablaré con el fotógrafo, o el lustrabotas... sin duda, me aportarán nuevas y singulares ideas para más y más páginas.

TEXTOS SUELTOS: CUENTOS inéditos, por Leonardo Landín


TIYACA
Leonardo Landín
 
Tacatacatacatac… tac tac… tacatacatacatac… tac tac…

Así hace la máquina nueva.

Ya hace cinco años…

La anterior era la Tiyaca de Ignacio.

Cuando yo tenía el pelo negro… cuando tenía el pelo, mejor dicho, él venía a tomar la taza de leche con cocoa… pan casero y queso… se subía como podía a un banco alto, y me miraba trabajar. La madre después protestaba, porque volvía engrasado…

El nene decía que la máquina hacía así:

Tiyacatiyacatiyaca…

Es el canto sincero del trabajo- le respondía yo. Es la voz de la constancia. Escuchala.

Hace cinco años la vendí… nunca me hubiesen dado lo que valía en sudor, broncas y trasnochadas a su lado… más exigente que un patrón, la poderosa. Pero yo era fuerte, la máquina era nueva… aunque la compartiese con un Banco.

Y con ellos, con Ignacio, con Aurora, podía enfrentar al mundo entero con mi máquina de sueños.

Hace cinco años Ignacio partió a Europa con un papel rectangular, con un sello dorado con cintas azules.

Ahora está en la China, instalando unas máquinas prodigiosas, con los viáticos pagos por la Empresa, con poco tiempo para conocer lugares, pero lo aprovecha lo mejor posible, y manda fotos… ¿volverá con una chinita?

Hasta los chinos entienden la historia de la Tiyaca- me dice.

Me alegro tanto… aunque de noche en mi cama, a veces guardo mal alguna lágrima.


SEÑORITA ALICIA
Leonardo Landín

Tarde y mal me visitan- piensa Cecilio… si no fuese por la señorita Alicia…

El viejito deja transcurrir los días… a veces en un letargo, a veces, fatigosos, dolorosos, así se pone uno con el tiempo, señorita. Cuarenta años sin ver médico, y ya me ve, cuando empecé… dónde terminé… un día fue un análisis que salió mal… otro día me caí en la calle…

Los parientes, bien pensado, son bastante ingratos.

Pero la señorita Alicia...

Con sus ojos de un bello color celeste agrisado, transparente, radiante como una novia.

Hermosa, como la que conocí alguna vez…

Yo la veo salir, cuando se quita el monótono uniforme blanco; hoy tenía un lindo pantalón bordado con flores, se puso su campera. Se soltó el pelo, fino y rubio. Un día le voy a contar de mi novia, de los bailes de Carnaval, de tantas cosas.

Revivo, y sueño.

La señorita recibe mensajes en su teléfono portátil. Seguramente tendrá novio.

Señorita Alicia, tengo frío, por favor, no me deje, quédese un ratito más, míreme usted.
No sé qué luz hay en sus ojos, que brillan tanto. Estoy entrando en la oscuridad, y no quiero. Gracias por tomar mi mano.

Se parece tanto… a ella.

Creo que ya es tarde, señorita. La oscuridad me está ganando, solo veo su mirada.

No se preocupe. Mamá me llama a comer.

Hay una mesa tendida, están mis hermanos, papá… ¿oscuro allí? No, nunca. Están tan cerca.

Usted vendrá primero, ya lo sé. Me verá primero porque es un ángel, y los ángeles siempre ven todo.

Disculpe que no pude decirle adiós.