miércoles, 2 de junio de 2010

DE IMPROBABLES OFICIOS- CULPABLE GENERAL

De Improbables Oficios

II

CULPABLE GENERAL

Inexorable, el espejo devolvía al Contador Gutiérrez un rostro de momia mal conservada: una con nervios e insomnio, gastritis (tengo que dejar el café, al cigarrillo el presidente ya me lo hizo dejar), alta presión... (¿vendrá la sal de mesa con una imagen que ocupe el 80% de la bolsa que diga… las cosas saladas son terriblemente malas para la hipertensión?)

Accionó el intercomunicador del teléfono, pensando por qué razón en esa Empresa cada quince días cambiaban los aparatejos de comunicación, obligándolo a aprenderse los botones nuevos o, directamente, a enviarle un mensaje de texto a su secretaria.

_¡Señorita Cristina!- se oyó tronar.

Del otro lado una voz tímida y algo asustada respondió desmayadamente.

-¿Sí, Contador?

-Hágame el favor de llamar inmediatamente a Sánchez. No tendría por qué decirle esto, señorita, pero como usted es de mi total confianza... Los chinos encontraron botones de fantasía rosados, aptos para niñas de 4 años, en los blazers de caballero. Muy bien pegados, señorita. Los botones tenían gatitos, perritos, y colibríes. Preciosos. Obviamente, otro error de Sánchez.

A los dos minutos se presentó Sánchez, con la corbata más bien suelta, y un aspecto desolado.

-Sánchez, Sánchez, siéntese. No quiero perder la calma.

Le explicó concienzudamente lo que había pasado.

-Se trata de un error, Contador. Obviamente entendieron mal el contenido de mi memo número 45, del día primero del corriente, pero no busque más, asumo toda la responsabilidad. Fue culpa mía.

-Esa sinceridad suya logra desarmarme, Sánchez. Tendría que despedirlo ipso facto; sin embargo no voy a hacerlo. Lograremos reparar este daño. Eso sí, por favor, que no se reitere. Otro día no voy a estar de este talante tan caritativo.

-Así será, señor.

La secretaria miró a Sánchez con aire interrogativo. Este cambió su semblante al salir, se puso radiante, saltó juntando los talones. Exultante.

-Pero... - la chica se silenció bruscamente. Seguramente una reacción nerviosa del Sr. Sánchez, que habría sido despedido.

-Jajajaj- reía Sánchez.

_¿Pero qué le pasó?

-Es que tú sos nueva aquí, Catalina. Yo soy el Culpable General, y cada vez que asumo la responsabilidad de algo, aumentan mis galones - dijo, golpeando rítmicamente su hombro izquierdo con los dedos índice y mayor. No tengo la menor idea de quién puso los botones esos. Es más, estoy absolutamente seguro de que yo no pude haber sido, ya que mi función es solamente tener la culpa de todo lo que pasa aquí, y no me da el tiempo para otra cosa.

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