miércoles, 2 de junio de 2010

DE IMPROBABLES OFICIOS- PLAÑIDERO

DE IMPROBABLES OFICIOS I
PLAÑIDERO

Noche de verano. Gutiérrez se mira al espejo, centrando el nudo de la corbata… Traje negro… corbata negra…

Rodeado de mármoles veteados y brillantemente pulidos, Estévez hace como que consulta algo en un monitor plano. Gutiérrez se acerca, pregunta en voz alta por Antoni Euskalerría. Hay otras personas, recién llegados tramitando los papeles, jóvenes que aguantan la noche saliendo a matear a la calle, disimulando lo mejor posible las sonrisas de su edad y sus esperanzas, que podrían ser impropias en tales circunstancias. Tal vez amigos del nieto de don Antoni. Se acerca a ellos, les pregunta si son familiares… es él, dicen, señalando a un flaquito de pelo largo, enrulado.


Gutiérrez lo abraza.


- Tu abuelito me salvó la vida. Fue hace años, en el setenta y dos, en la playa del Buceo, no sé si te habrá contado alguna vez. Yo tenía quince años y fui a nadar, para presumir con unas amiguitas, ustedes se darán cuenta, las cosas no pueden haber cambiado tanto – agregó, con un mohín de sonrisa amarga- de repente cambia la marea, un golpe de viento, me lleva hacia adentro. Me estaba hundiendo. Pasaron varios minutos, ya me creía perdido, cuando apareció don Antoni, nadando, con una seguridad, un aplomo… quedé en deuda eterna con él. Nos hablábamos alguna vez por teléfono, le llevaba una botella para Navidad o fin de año, hicimos unos asados, pero el tiempo siguió pasando y no supe más de él.

Gutiérrez se quiebra y el nieto también. El jovencito hace gestos como de no saber, o no acordarse. Sus amigos los miran, emocionados también.

- Cuando vi el aviso en el diario, no podía parar de llorar. Tengo que ir a hablarles de este santo- dijo, poniendo una mano en el corazón y elevando sus ojos al techo.

-Vayan, chiquilines, la vida continúa, sigan adelante- les dice, y entra a la sala.

Saluda a los dolientes y les ofrece una versión más sintética del mismo relato… la viuda dice “no me extraña de mi Antoni, era un santo varón, siempre hacía esas cosas”.

-Un héroe anónimo, doña Elsa, como tantos que han hecho patria en silencio, humildemente- dice Gutiérrez…

Hace noche en el velatorio. Se ofrece para preparar un excelente café negro, y participa de casi todas las conversaciones.

A las diez de la mañana vienen a llevarse al héroe anónimo. Gutiérrez se ofrece para acompañar al cortejo en su coche negro.

Luego vuelve a la funeraria. Estaciona en su lugar, marcado con el número 7, el de la suerte.

Entra a la oficina. Se acerca a Estévez. Este deja sus tareas por un instante…

-¿Y, flaco?

-Che negrito… ¿se sabe algo del cobro? Le pregunté a Laura y me dijo no sé qué del depósito en el Banco…

-Este fin de semana vamos muertos, flaco. El cobro sale para el lunes.

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