lunes, 7 de junio de 2010

La Rueda

La Rueda

Miré, y he aquí que había cuatro ruedas junto a los querubines; al lado de cada querubín había una rueda. El aspecto de las ruedas era como de piedra de crisólito.
En cuanto a su aspecto, las cuatro eran de una misma forma, como si una rueda estuviera dentro de otra rueda.
Libro del Profeta Ezequiel

He aquí mi biografía: he intentado inventar algún freno
para la Rueda, también llamada espiral gris que siempre espera.
He invitado a evitarla, en lo posible. He sugerido arrojarse en su seno
con sabia indiferencia cuando ya no quede otro remedio, y reclamar
en el último, silencioso grito, un nombre más perdurable.




Es una noche de lluvia
pero eso a ella qué le puede importar

Yo sé que anda girando
por la calle Laureles,
por Molina y tal vez alguien
asomado a la ventana
alucine su visión febril
de mamotreto sin ningún aspecto
de coche japonés, o americano

Le dieron mal mi dirección,
o la leyó mal a la luz de un relámpago.
Se guió por referencias imprecisas,
preguntando, hasta que empezó a llover
y siguió virando a la deriva
(se echó a rodar por el mundo...)

No ha de extrañar su bíblica apariencia
de rueda toda ojos, autónoma y parlante

Me anduvo, me anda buscando
sabe que la vi de reojo
ella soñaba almibarado
paraíso de ruedas de Quebar
que todo lo destrozan a su paso
(un cielito tal vez montevideano)

La mitad tan solo
de sus ojos despertaron
me vio, tres fueron sus destellos
no sé cómo, con qué argucia
le tiré un hubiese a mano,
un hubiese sido de los buenos,
de los gordos, de los míos,


Por eso se entretuvo, tanto rato,
mordisqueando aquella carne hubiera/ese,
digo hiérase, sangrante de futuros imposibles
que me perdió la pista y desde entonces
en su gira girar me anda buscando

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